jueves, 21 de octubre de 2010

Unidad de la Izquierda

Con la llegada de Piñera al gobierno, más de alguno sintió que estaba “todo perdido” , con lo cual claramente le daba a la Concertación una característica y condición de Izquierda progresista o popular que nunca tuvo, salvo en el discurso de alguno de sus dirigentes.
Algo de tiempo ha pasado y de lo perdido, ¡nada! Por el contrario, la gestión de Piñera sólo evidencia continuismo en toda la política capitalista en su versión “neoliberal”. ¿Con Frei habría sido distinto?
A partir del reclamo popular y de la búsqueda de una salida a las urgentes demandas populares, nuevamente -y no puede ser de otra forma-, se hace presente la movilización. El “piñerismo” ha tenido que lidiar con el estudiantado, los empleados fiscales, pescadores artesanales, usuarios del Transantiago, con el rechazo masivo a la central termoeléctrica en Punta de Choros, y como elemento de quiebre, de verdadera connotación histórica, la lucha por las reivindicaciones de la nación mapuche.
La tragedia del terremoto, como la de los mineros de la mina San José, no pueden eximir de responsabilidad al modelo neoliberal, y no han podido, a pesar de todo el esfuerzo mediático, paralizar la protesta popular.
Podemos decir que nada se ha perdido, porque nada había. La lucha continúa por las reivindicaciones inmediatas y por la superación revolucionaria de la sociedad.
Podemos concluir que ni desde nuestra realidad, ni en lo internacional, nos está negada la posibilidad de la construcción de una verdadera alternativa unitaria y amplia de Izquierda, que apunte hacia la superación del capitalismo, hacia el socialismo. Por el contrario, ésta es una exigencia. Sin embargo nos parece que es imprescindible contar con algunos elementos políticos para avanzar de verdad en la construcción de fuerza de Izquierda unitaria.
Hay que asumir el camino del desarrollo de las propias fuerzas con un programa que apunte claramente a la superación social y nacional, que persista en el protagonismo popular y en impedir que las fuerzas acomuladas sirvan de moneda de cambio para que algunos entren en “alianzas mayores”, desnaturalizando y paralizando todo proyecto independiente, obrero y popular. Sostenemos esto sin idealismo, sabemos que “la cabra siempre tira al monte” y que en el camino unitario se involucrarán aquellos que sólo buscan acumular fuerzas para negociar un mejor lugar bajo el sol del sistema. Por eso se debe tener un programa concreto para el período, que contemple la demanda de una Asamblea Constituyente y nueva Constitución Política. A partir de ella, todo lo que dice relación con derechos sindicales, renacionalización del cobre y otras riquezas naturales, los servicios de pensiones, de educación y salud, los derechos nacionales de los pueblos originarios. Nuestra apuesta fundamental es exigir respeto a un funcionamiento verdaderamente democrático. Para ello, es condición que los esfuerzos unitarios se concreten en la base y no sólo en las “direcciones” políticas y que las bases, desde el conflicto y la lucha, jueguen un papel direccional y no sólo de acompañamiento de los esfuerzos amplios y unitarios de la Izquierda que reclaman la realidad y los tiempos

Eduardo Artés

(Primer secretario del Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria), PC(AP).
www.accionproletaria.com

(Publicado en Punto Final Nº 720, 8 de octubre, 2010
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El Bicentenario nos encuentra como un país profundamente desigual, con una impactante concentración de la riqueza en manos de unos pocos. El de hoy es un Chile privatizado, cuya soberanía económica se encuentra enajenada y restringida, consagrada por una democracia binominal y oligarquizada y un pueblo desmovilizado bajo la influencia del pensamiento único y la hegemonía cultural dominante, de carácter neoliberal.

A dos siglos de nuestra independencia, la tierra de Caupolicán, Guacolda y Lautaro sigue siendo esquiva con sus pueblos originarios. Se profundiza el histórico desencuentro con más represión y la aplicación draconiana de una aberrante Ley Antiterrorista, que materializa el despojo del pueblo mapuche protegiendo la “sacrosanta propiedad privada”.
En el Bicentenario, debemos volver a reconocernos en la larga lucha del pueblo chileno por su emancipación y verdadera independencia. Historia protagonizada por millones de hombres y mujeres anónimos, las y los que a lo largo de estos dos siglos han luchado por construir una patria para todos, sin exclusiones, para conquistar el derecho a edificar una República de hombres y mujeres libres, iguales y soberanos.
Reconocemos a las y los patriotas que soñaron construir una patria para todos en la lucha por nuestra independencia del dominio español. A hombres y mujeres como Bernardo O’Higgins, José de San Martín, Javiera Carrera y el guerrillero Manuel Rodríguez. Los reconocemos luchando juntos, “a paso de vencedores”, en la batalla de Ayacucho en 1824, para asegurar definitivamente la independencia de nuestra América. Los encontramos en Santiago Arcos y Francisco Bilbao, pregoneros de la Sociedad de la Igualdad y en el presidente Balmaceda, en su lucha para terminar con el monopolio salitrero. Nos inspiramos en los patriotas que encabezaron las grandes luchas y movilizaciones de los trabajadores y mineros de Chile, marcadas a sangre y fuego en masacres obreras ocurridas en 1907 -en la Escuela de Santa María de Iquique- o en el extremo sur, con el brutal incendio de la Federación Obrera de Magallanes, en Punta Arenas, en 1920.
Muchas luchas tuvieron origen y continuidad en Luis Emilio Recabarren, patriota de la construcción infatigable de la organización obrera, de su conciencia y cultura. Las encontramos volando en el Avión Rojo del comodoro Marmaduque Grove, militar socialista y masón quien, en 1932, asumiera durante 12 días la Presidencia de Chile, proclamando una República Socialista. Reconocemos la patria en la lucha por la tierra y la dignidad que unió a mapuches y campesinos pobres asesinados en 1934, en la matanza de Ranquil, en Lonquimay.
Nuestro Bicentenario debe verse con los ojos de los miles de rostros anónimos que participaron con coraje en las luchas de los pobladores sin casa, organizadores de las primeras tomas de terrenos como la acontecida en 1957 en la Población La Victoria, o en los sucesos de 1969 en Pampa Irigoin, en Puerto Montt. La patria para todas y todos se proyecta en el combate por los derechos de la mujer que impulsaron luchadoras visionarias como Belén de Sárraga, Amanda Labarca, Elena Caffarena, Julieta Campusano, Laura Allende y Julieta Kirkwood. También se proyecta en jóvenes patriotas insurrectos frente a la injusticia y la desigualdad como Héctor Barreto, José Domingo Gómez Rojas, Ramona Parra, Rodrigo Ambrosio, Miguel Enríquez y Carlos Lorca, junto a Jécar Neghme de la generación de la resistencia y las protestas antidictatoriales de la década de los ochenta.
Identificamos la patria en las luchas de las primeras organizaciones de los trabajadores hasta las de hoy, simbolizadas por Clotario Blest. La encontramos en las creaciones de Violeta Parra, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Víctor Jara y Nemesio Antúnez. La reconocemos en el Frente Popular y el gobierno del maestro Pedro Aguirre Cerda.
La lucha por nuestra segunda independencia económica y cultural la reconocemos en el triunfo de la Unidad Popular, encabezada por presidente Salvador Allende: en ese primer intento de ruptura real en un territorio gobernado durante 400 años por una minoría.
Para continuar la lucha por una verdadera patria para todas y todos, consideramos prioritario ensanchar la Izquierda y su vinculación con los trabajadores y movimientos sociales. El Chile del Bicentenario requiere recuperar su memoria histórica y popular, necesita de una Izquierda unida y movilizada con un claro sello allendista. Por ello, compartimos la invitación de trabajar juntos Por Más Izquierda

Esteban Silva Cuadra

Coordinador del Partido del Socialismo Allendista (PSA)

Publicado en Punto Final Nº 718, 13 de septiembre, 2010
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Se desató un nuevo conflicto “pingüino”. No por la derogación de la LGE (ex Loce), ni para terminar con la municipalización de la educación o por la gratuidad del pase escolar y la PSU. Ahora es por el derecho a la vida. Si bien los pingüinos de Punta de Choros no se pueden manifestar, sus amigos desataron masivas movilizaciones en repudio a la aprobación de la central termoeléctrica de Barrancones.
La aprobación de la termoeléctrica por los funcionarios de Corema designados por Piñera, marca un nuevo incumplimiento de sus promesas de campaña, y el desprecio de la clase política por el pueblo de Chile.
En el marco de una Constitución ilegítima, Alianza y Concertación cogobiernan el país en beneficio de un puñado de grupos económicos. De la ciudadanía sólo se requiere un voto cada cuatro años y pasividad ante los desmanes políticos, financieros, sociales y culturales. No nos cansaremos de repetir las palabras de David Rothkopf: “Chile no es verdaderamente un país sino un club privado”. Alianza y Concertación trabajan para los propietarios de ese club.
Los partidos, en una brillante “transversalidad” que va de la UDI a los comunistas, viven en cúpulas cerradas que reproducen las condiciones de su existencia. Se limitan a levitar sobre el cuerpo social en el que casi no tienen raíces. La actividad política es un negocito de representación en el que cada partido tiene un “nicho” de mercado. Ya no hay programas, sino ofertas. En el plano de las ideas el encefalograma es plano. El mercado omnisciente es verdad revelada, indiscutible, dogmática, infalible. Para embellecer la realidad se manipulan los datos, los cálculos, la interpretación. Se manipula la realidad. Pero ella es testaruda.
Nuestro pueblo, ¿tiene alternativa? Esa es la cuestión. Quienes queremos reconstruir una Izquierda que se perfile como una fuerza capaz de dirigir el país con el pueblo y en beneficio del pueblo, partimos preguntándonos por qué aún no lo somos. La Izquierda, mayoritaria pero dispersa, representa los intereses de la inmensa mayoría de la sociedad por la simple razón que su objetivo primero consiste en devolverle al pueblo su soberanía.
En Chile hay que hablar de izquierdas. Pero la pluralidad y diversidad son potencialmente una gran riqueza. La tarea consiste en hacer de la diversidad una fuerza, transformando la dispersión en una sólida unidad de propósitos. Para pensar la Izquierda como alternativa para Chile, ésta dispone de una adecuada interpretación de la realidad socioeconómica del país. Y de un diagnóstico político correcto de las fuerzas políticas y de los intereses objetivos que ellas defienden. Alianza y Concertación heredaron el legado institucional y económico de la dictadura. Los empresarios del gran capital nacional y extranjero encuentran en ellos a sus mejores defensores. Si en las caras de los dirigentes de la Alianza se ven los rostros de los Matte y los Larraín, en la frente de los líderes de la Concertación están impresas las cataduras de los Luksic y los Angelini.
Limitada a esta disyuntiva, no existe sino la alternativa de elegir las llamas o las brasas. La construcción de la Izquierda desde el “antipiñerismo” está condenada a ser funcional a la Concertación y a sus grupos económicos. De ahí que la única vía posible sea la construcción de la Izquierda como una radical oposición al modelo institucional y económico.
Los principios y valores de la Izquierda viven en la conciencia de grandes grupos humanos, particularmente entre los jóvenes. Ellos cubren los derechos humanos y el respeto de la naturaleza. Son parte de lo más noble de la especie humana y no pueden ser segados definitivamente. Renacen cada vez que la codicia pone en peligro a seres tan inermes como los pingüinos Humboldt. O a los 33 mineros enterrados vivos en la mina San José. Cada vez que se reprime con saña a los “pingüinos” escolares en las calles. Cada vez que un niño, mujer o anciano no encuentran asistencia médica en los hospitales. Cada vez que el nombre de un ciudadano anónimo entra en las listas criminales de Dicom. Cada vez que la corrupción compra las conciencias de quienes tenían la obligación de cambiar esta cruel realidad.
La movilización a la que asistí en rechazo a la termoeléctrica de Punta de Choros fue una respuesta a la pregunta formulada más arriba. Allí había voluntad, coraje, espontaneidad y sana juventud, mucha juventud. Yo quiero una Izquierda que trabaje para esa juventud, para ese pueblo, para nuestra tierra. ¿Quién viene conmigo?


Salvador Muñoz
Cientista político y presidente del Partido de Izquierda (PAIZ).

Publicado en Punto Final, edición Nº 717, 3 de septiembre, 2010
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miércoles, 13 de octubre de 2010

El clamor popular de “No hasta vencer” del año, consigna bajo la cual participó la izquierda en el plebiscito de 1988, mantiene plena vigencia, como coincidieron los diputados Guillermo Teillier y Lautaro Carmona (PC), el ex candidato presidencial de la izquierda Jorge Arrate; la alcaldesa de PAC Claudina Núñez; el dirigente socialista allendista Esteban Silva y el vicepresidente de la IC, Darío Salas, junto a dirigentes sociales, políticos y sindicales, al recordar los 22 años del triunfo en el plebiscito del 5 de octubre.

En conferencia en la sala de prensa del Congreso Nacional en Santiago, estuvieron también presentes el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, abogado Gonzalo Taborga; el jurista Juan Subercaseaux; el teólogo Jaime Escobar; el dirigente sindical de la CCU, Nino Mondaca y Carlos Alvarez, coordinador sindical del Transantiago.

El presidente del PC, diputado Guillermo Teillier declaró: “El 5 de octubre y el triunfo del No no es patrimonio de nadie en particular, es patrimonio de todas las fuerzas que lucharon por terminar con la dictadura en nuestro país y por volver a la democracia”.

“Creo que todos los que nos opusimos a la dictadura tenemos algo que decir hoy día respecto de esta fecha. Por cierto la derrota de la dictadura significó para nosotros una gran alegría como para todo el pueblo de Chile, para la mayor parte porque se dio término a una dictadura terrorista que cometió muchos crímenes de los cuales hay centenares todavía que no se han aclarado, que no se ha hecho justicia y no se conoce la verdad”, afirmó Teillier.

Podemos decir también que si bien es cierto, terminó un régimen autoritario, absolutista y se abrió paso a la transición a la democracia todavía está presente una institucionalidad que heredamos de ese régimen oprobioso y hoy día la Constitución que nos rige sigue siendo la que se estableció en un plebiscito fraudulento bajo la dictadura”, agregó.

El diputado PC indicó que “por lo tanto, se mantiene la exclusión y la discriminación contra amplios sectores de nuestra sociedad así como se mantienen las enormes brechas y diferencias económicas, sociales en el seno de la sociedad que afecta fundamentalmente a los trabajadores y a los sectores más desposeídos”.

Más adelante Teillier señaló: “Nosotros no vamos a negar que el país ha avanzado en estos últimos 22 años, desde la dictadura hasta ahora se han producido cambios que no podemos dejar de desconocer, sin embargo falta todavía mucho por hacer y nosotros, como izquierda chilena que pensamos que se debe perfeccionar la democracia, que debemos llegar a una democracia participativa, la verdad es que creemos que también debemos avanzar en una cuestión fundamental que es cambiar la Constitución”.

“Tenemos que recuperar nuestras riquezas básicas. No puede ser que las empresas transnacionales del cobre se lleven mas de 20 mil millones dólares al año pagando una minucia en impuestos y que todavía estemos discutiendo subirle un par de puntos a los impuestos que pagan las grandes mineras y solamente por un par de años. Y que a cambio le vamos a regalar la invariabilidad tributaria hasta el año 2025, que significa millones de dólares de ganancias para estas empresas”, añadió Teillier.

Creemos también que Chile no es una isla en el concierto latinoamericano y este aniversario nos encuentra bajo un gobierno de derecha –indicó el diputado comunista- El pueblo de Chile, de una u otra manera ha dado un veredicto a 20 años de gobiernos de la Concertación y eso significa que hay que producir cambios profundos en nuestro país. Esos cambios no los puede llevar adelante una fuerza o conglomerado político por si solo. Nosotros no creemos que la Concertación por si sola pueda sacar a la derecha del gobierno, tampoco lo podemos hacer nosotros. Y pensamos que ni siquiera llegando a una convergencia nuestra con la Concertación sería posible cambiar el rumbo del actual gobierno para plantearse las grandes transformaciones que Chile necesita”, expresó el parlamentario.

“Para poder realizar cambios de fondo se necesita la concurrencia de todas las fuerzas opositoras, de centro y de izquierda, progresistas y democráticas de nuestro país. Significa que tenemos que abrir mucho más el abanico de la convergencia que nos permitan arribar a un programa de transformaciones como ya he planteado.

Muchos pueblos latinoamericanos –dijo más adelante- ya avanzan hacia sistemas más democráticos, más progresistas, más representativos. En estos días se han realizado elecciones cruciales en América Latina, en Venezuela, en Brasil y cuyos resultados son muy importantes para el futuro de la integración latinoamericana y para cada uno de nuestros pueblos. Nos sentimos parte de esa gran corriente renovadora que existe en –América Latina y que estamos seguros que también va a pasar en algún momento por Chile”, concluyó Guillermo Teillier.

Jorge Arrate

“Comparto mucho el análisis que ha hecho Guillermo Teillier sobre el significado del 5 de Octubre y los 22 años que han transcurrido”, afirmó en el encuentro con los periodistas, el ex candidato presidencial de la izquierda, Jorge Arrate.

Sin duda la recuperación de una democracia básica, de derechos elementales, fue un paso muy importante en la vida de Chile y que a ello contribuyeron todos los que lucharon –de una u otra forma- incluso a veces con dudas sobre la eficacia del instrumento plebiscitario del 88, pero todos ellos contribuyeron a que se recuperaran estas libertades básicas.

Eso no quita que Chile ha continuado siendo todo este tiempo una semi democracia, una democracia limitada que se estancó en su evolución y más bien, en ciertas esferas, retrocedió, como es, por ejemplo en todos los temas de participación, de desarrollo de la organización social y se ha ido constituyendo cada vez más en una democracia excluyente, elitista, cupular, donde los partidos, regidos por una ley dictada por el propio Pinochet, se han transformado –los partidos de las grandes coaliciones- en los privilegiados que tienen dos cosas: cupos y pegas.

“Tenemos que cambiar esto para cumplir con las esperanzas del 88. No sé si alguien que votó No el 88 hubiera dicho en ese entonces que en 2010 íbamos a tener la misma Constitución; si alguien que votó No pensaba que las fuerzas de izquierda iban a estar excluidas del Congreso durante 20 años y solo en 2009 íbamos a lograr tener una distinguida pero magra representación porque obviamente no corresponde para nada con la fuerza social, política y cultural que tiene en Chile”, dijo Arrate.

Si alguien pensaba en 1988 que íbamos a llegar a la situación en que estamos en relación con la cuestión mapuche, con los pueblos originarios, y si alguien pensaba que 22 años después los índices de concentración del ingreso iban a estar iguales, inamovibles y no se ha hecho ningún progreso en generar progresos para superar las desigualdades en nuestro país. En fin, sería larga la lista de aquello que no se ha logrado”, añadió.

“La carga de deudas que mantiene la democracia chilena con su pueblo es inusitadamente grande y hay que analizar cuál es la razón. Siento que hay una carencia de voluntad –particularmente de la Concertación- para hacer este análisis. Desde hace muchos años muchos de nosotros decíamos que había que abrir canales, a fuerzas que están excluidas, a la sociedad, ir y dialogar con los movimientos y organizaciones sociales; recibir las críticas y aceptarlas, generar un proceso de debate que signifique la posibilidad de reconstruir un referente democrático y popular distinto que emprenda las grandes transformaciones en Chile a través de construcción de mayorías.

“Lo que no se puede hacer es “pasar colado” y la Concertación hoy día quiere pasar colada, no ha hecho un análisis de si misma, un examen de lo que han sido estos años y se ha quedado sólo en una valorización de sus logros –que son importantes, que existen- pero ni pío sobre las cosas que no se han hecho porque la explicación es engorrosa, pero hay que pasar el Rubicón”, añadió Arrate.

“Entonces, estamos a la espera que así sea –dijo Arrate- yo auguro que uno de los componentes, como fue mi partido durante toda mi vida, el PS, sea capaz de dar un paso adelante, de hacer una verdadera autocrítica y corregir conductas políticas para hacer posible que una izquierda reconfigurada, repotenciada como la que nosotros queremos llevar adelante pueda plantearle al país un proyecto que signifique, a lo mejor un largo tiempo de lucha, pero que genere una fuerza que influya, que sea capaz de tener importancia en las decisiones, que tenga una magnitud mayor en términos políticos electorales y sociales que la que tenemos hoy día”.

Diputado Lautaro Carmona

“El 5 de octubre del 88 no nació del aire, es un espacio obligado a propósito de una multiplicidad de formas de lucha para terminar con una dictadura y recuperar la democracia y entrega a toda la izquierda y los sectores democráticos de Chile un mandato y una exigencia.

Por tanto creo que 22 años después hace bien que todas las fuerzas que estuvieron comprometidas en esa batalla por rescatar la democracia se pregunte, planteen y auto obliguen para que las tareas pendientes o las expectativas abiertas en esa gran gesta heroica e histórica se cumplan –como dijera Allende- más temprano que tarde”, concluyó el diputado Lautaro Carmona, secretario general del PC.

Fuente: http://www.diarioreddigital.cl/index.php?option=com_content&view=article&id=1448:ino-vasta-venceri-una-consigna-que-conserva-plena-vigencia&catid=35:politica&Itemid=55
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martes, 12 de octubre de 2010

Está circulando impreso y por la red informática, el folleto “Un Horizonte para la Izquierda”, que reúne varios artículos y reflexiones del ex candidato presidencial Jorge Arrate, donde analiza la experiencia de las elecciones pasadas, la experiencia de las fuerzas de Izquierda y las perspectivas del mundo popular en el contexto de un gobierno de la derecha.

Los textos de Arrate abundan sobre la situación de las fuerzas democráticas y populares, ayudando a generar reflexión, debate y propuestas.

El folleto incluye una entrevista que le hiciera a Jorge Arrate el periodista Hugo Guzmán, para el antiguo diario La Nación, donde aborda temas contingentes y polémicos.
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El mes pasado, dos importantes sucesos marcaron el mundo de los partidos socialdemócratas. El 19 de septiembre, el partido sueco perdió duramente las elecciones. Recibió 30.9 por ciento del voto, su peor desempeño desde 1914. Desde 1932, ha gobernado el país 80 por ciento del tiempo, y ésta es la primera vez que un partido de centroderecha gana la relección. Y para complicar el mal desempeño, un partido antinmigrante, de extrema derecha, entró al Parlamento sueco por primera vez.

¿Por qué es esto tan dramático? En 1936, Marquis Childs escribió un libro famoso, titulado Sweden: The Middle Way. Childs presentaba Suecia bajo el régimen socialdemócrata como una virtuosa vía intermedia entre dos extremos representados por Estados Unidos y la Unión Soviética. Suecia era un país que efectivamente combinaba la redistribución igualitaria con la política interna democrática. Suecia ha sido, por lo menos desde los años 30, el modelo mundial de la socialdemocracia, su verdadera historia de éxito. Y así parecía mantenerse hasta hace poco. Ya no es el modelo mundial.

Entretanto, el 25 de septiembre en Gran Bretaña Ed Miliband vino desde atrás para ganar el liderazgo del Partido Laborista. Con Tony Blair el Partido Laborista se había involucrado en la remodelación radical del partido con la consigna de “the New Labour” [el nuevo partido laborista]. Blair había argumentado que el partido también debía ser una vía intermedia –no una entre capitalismo y comunismo, sino entre lo que solía ser el programa socialdemócrata de nacionalización de los sectores clave de la economía y la dominación sin rienda del mercado. Ésta era una vía intermedia bastante diferente de aquélla de Suecia en los años 30 y después.

Que el Partido Laborista eligiera a Ed Miliband por encima de su hermano mayor David Miliband, un socio clave de Tony Blair, se interpretó en Gran Bretaña y otras partes como un repudio a Blair y un retorno a un Partido Laborista más “socialdemócrata” (¿más sueco?). No obstante, pocos días más tarde, en su primer discurso en la conferencia laborista, Ed Miliban reafirmó una posición “centrista”. Y pese a que enlazó sus aseveraciones con alusiones a la importancia de lo “equitativo” y la “solidaridad”, dijo: “Debemos deshojar nuestro viejo pensamiento y erguirnos por quienes creen que hay algo más en la vida que lo que es rentable”.

¿Qué nos dicen estas dos elecciones del futuro de la socialdemocracia? Convencionalmente (y lo más probable es que correctamente) a la socialdemocracia –como movimiento y como ideología– se le vincula con el “revisionismo” de Eduard Bernstein, en la Alemania de finales del siglo XIX. Bernstein argumentaba en esencia que, una vez obtenido el sufragio universal (que para él era el voto masculino), los “obreros” podían usar las elecciones para ganar cargos para su partido, el SocialDemócrata (SPD), hasta lograr el gobierno. Una vez que ganaran poder parlamentario, el SPD podría entonces “promulgar” el socialismo. Y como tal, concluía, hablar de insurrección como vía al poder era innecesario y de hecho una tontería.

Lo que Bernstein definía como socialismo era poco claro en muchos aspectos, pero no obstante en el momento parecía incluir la nacionalización de los sectores clave de la economía. Desde entonces, la historia de la socialdemocracia como movimiento ha sido una de alejamientos lentos pero continuos de la política radical hacia una orientación más centrista.

Durante la Primera Guerra Mundial, los partidos repudiaron su internacionalismo teórico al alinearse en respaldo de sus gobiernos en 1914. Tras la Segunda Guerra Mundial, los partidos se aliaron con Estados Unidos en la guerra fría contra la Unión Soviética. Y en 1959, en su conferencia en Bad Godesburg, el SPD alemán repudió el marxismo por completo y oficialmente. Y declaró que “habiendo comenzado como un partido de clase obrera, el Partido Socialdemócrata se ha convertido en un partido del pueblo”.

En ese entonces, lo que el SPD alemán y otros partidos socialdemócratas llegaron a reivindicar fue el compromiso social conocido como “Estado de bienestar”. La socialdemocracia tuvo bastante éxito en este objetivo en el periodo de la gran expansión de la economía-mundo en los años 50 y 60. Y en ese tiempo se mantuvo como “movimiento” en el sentido de que estos partidos impulsaban el respaldo activo y la lealtad de muchas personas en su país.

Sin embargo, cuando la economía-mundo entró en su largo estancamiento a partir de los años 70, los partidos socialdemócratas comenzaron a ir más allá. Dejaron de lado el énfasis en el Estado de bienestar para volverse meros promotores de una versión más suave de la primacía del mercado. La ideología del “nuevo partido”, de Blair, no era sino esto. El partido sueco resistió el viraje más tiempo que los otros pero finalmente sucumbió.

La consecuencia de esto, sin embargo, fue que la socialdemocracia dejó de ser un “movimiento” que podía convocar la lealtad y el respaldo de grandes número de personas. Se tornó una maquinaria electoral a la que le faltaba la pasión de antaño.
Aunque la socialdemocracia no sea ya un movimiento, sigue siendo aún una preferencia cultural. Los votantes siguen queriendo los desvanecientes beneficios del Estado de bienestar. Protestan regularmente cuando pierden otro más de estos beneficios, lo cual ocurre con alguna periodicidad ahora.

Finalmente, hay que decir algo de la entrada del partido antinmigrante de extrema derecha al Parlamento sueco. Los socialdemócratas nunca han sido muy fuertes en lo relacionado con los derechos de las minorías étnicas u “otras” –mucho menos acerca de los derechos de los inmigrantes. Los partidos socialdemócratas han tendido a ser partidos de la mayoría étnica de cada país, defendiendo su territorio contra otros trabajadores a los que veían como grupos que provocarían la reducción de salarios y empleos. La solidaridad y el internacionalismo eran consignas útiles cuando no había competencia a la vista. Suecia no enfrentó este asunto seriamente sino hasta hace poco. Y cuando lo hizo, un segmento de votantes socialdemócratas simplemente se corrió a la extrema derecha.

¿Tiene futuro la socialdemocracia? Como preferencia cultural, sí; como movimiento, no.

Immanuel Wallerstein
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El Partido Comunista de Chile está realizando hace varias semanas su XXIV Congreso Nacional, bajo el título de “Unidad y lucha para un gobierno de nuevo tipo”. En el proceso de análisis, están invitando a militantes, personalidades y ciudadanos que no militan en el PC, para reflexionar junto a ellos y compartir miradas sobre la realidad nacional y las perspectivas de la Izquierda.

En ese marco, Jorge Arrate, ex candidato presidencial de la Izquierda y dirigente del Comité Por Más Izquierda, asistió a la inauguración del Congreso del PC en la comuna de Ñuñoa, donde expresó la expectativa que el evento ha generado en diversos sectores sociales y políticos democráticos y populares, los que esperan que sus resultados contribuyan a la configuración de una Izquierda mucho más potente y amplia que llegue a ser protagónica en la vida política y social de Chile.
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